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Son las cinco de la mañana y el sol aún no se asoma en el horizonte, a pesar de lo cual ya hay cientos de personas reunidas en las afueras de Zafra, Campanario, Zahínos, Orellana de la Sierra, Llerena, y así hasta contar 280 pueblos extremeños, principalmente en Badajoz. Portan azadas, hoces y otros aperos de labranza. Poco después, estos enjambres humanos comienzan a caminar. Cantan La Internacional y gritan “¡Viva la República!”. Cuando llegan a las fincas que tienen como objetivo, las delimitan y emprenden el camino de vuelta. Instan a las autoridades de sus respectivas localidades a que registren los hechos.

Siguen, punto por punto, las instrucciones aprobadas en Badajoz cinco días antes, el 20 de marzo de 1936, por el Consejo Provincial de la Federación Española de Trabajadores de la Tierra (FETT), que forma parte de la UGT y es, de largo, la organización más representativa de jornaleros y yunteros (propietarios de una yunta, pareja de bueyes ungidos a un carro) en la región. Badajoz es la provincia con mayor número de afiliados a la UGT y la FETT es la principal federación del sindicato a nivel nacional.

ROMPER CON SIETE SIGLOS DE FEUDALISMO

Están cansados de la impotente Ley de Reforma Agraria. Los trabajadores del campo identificaban República con reforma agraria, pero esta ley de 1932 se quedó a años luz de sus necesidades. Enrevesada, compleja, moderada al fijarse solo en los latifundios improductivos y fijar indemnizaciones en caso de expropiación, saboteada por propietarios y bancos, ahogada por escasez de financiación, la ley fue poca cosa, y, de lo poco que hizo, mucho fue debido a la acción previa de las masas sin tierra. De los más de 60.000 asentamientos planeados, sólo se llevaron a cabo alrededor de 12.000.

Una docena de nobles se quedaron con las tierras extremeñas arrebatadas a los musulmanes al finalizar la Conquista cristiana. Siete siglos de feudalismo más tarde, la situación no ha mejorado gran cosa

También están enervados por la cíclica violencia que sufren desde que empezaron a reclamar que la tierra sea para los que la trabajan, un proceso acelerado en los años que llevan de República y encabezado por la FETT. Y, sobre todo, están muy cansados de que desde el siglo XIII la riqueza sea de unos pocos. Una docena de nobles se quedaron con las tierras extremeñas arrebatadas a los musulmanes al finalizar la Conquista cristiana. Siete siglos de feudalismo más tarde, la situación no ha mejorado gran cosa: menos de mil personas acumulan el 41% de la superficie de Badajoz, mientras que 60 familias controlan un tercio de la de Cáceres.

Para el resto, miseria, ejemplificada por un par de escenas del documental Los yunteros de Extremadura, realizado por el Instituto de Reforma Agraria republicano. En una de ellas, se ve a nueve matrimonios compartir la misma casa, ventilada a través de un agujero. En otra, una familia celebra que va a comer carne: ha encontrado un cerdo muerto de rabia. En esta primavera de 1936, la situación es especialmente dura, ya que la crisis económica y las lluvias elevan el paro agrícola por encima del 20%, lo cual se suma a la mayor politización jornalera. Estos dos factores forman la tormenta perfecta que desemboca en las ocupaciones de tierras.

REFORMA DESDE ABAJO

Al Gobierno del Frente Popular, que ha regresado al poder hace un mes, no le han hecho mucha gracia las ocupaciones de tierras. Pero no le quedará más remedio que aceptar la vía de los hechos impuesta por los ocupantes, consciente de que son sus propias bases y de que, ante la magnitud de la acción, recurrir al enfrentamiento no es lo más recomendable, y menos ahora que el ruido de sables se intensifica. Acabará por dar reconocimiento legal.

“Cuando los eruditos de la historia anden buscando el hecho que señaló el gran hito de la historia de España, algún dedo caerá, ciertamente, sobre nuestra Extremadura, la región en la cual se ha verificado la primera ocupación de tierras de forma multitudinaria”, publicó el periódico socialista Claridad. Es el 25 de marzo de 1936 y 80.000 campesinos y campesinas han incautado 3.000 fincas de terratenientes de la región. Son 250.000 hectáreas. En pocas horas, sigilosamente, sin derramar una sola gota de sangre, han cambiado la historia del campo de Extremadura. Como señala el historiador cacereño Víctor Chamorro, es la “fecha identitaria del pueblo extremeño”.

La alegría dura poco en casa del pobre. Se calcula que el golpe militar acabó con la vida del 10% de la población de la capital pacense. Por supuesto, todas las ocupaciones de tierras, legalizadas o no, serían revocadas

La alegría dura poco en casa del pobre. Se calcula que el golpe militar acabó con la vida del 10% de la población de la capital pacense. Por supuesto, todas las ocupaciones de tierras, legalizadas o no, serían revocadas. El dictador, parece ser que sin un deje de sarcasmo, declaró en Badajoz en diciembre de 1945: “Vengo a esta provincia porque es la que tiene más hondos problemas entre todas las provincias españolas, y vengo a anunciar a estos magníficos campesinos, a estos sufridos labradores de estas pardas tierras extremeñas, que vamos a empezar la obra de su redención”.

La “redención” es bien conocida: entre 1950 y 1977 tuvo que emigrar el 45% de la población extremeña. Extremadura sigue a la cola del país en PIB per cápita y encabezando las tasas de paro. Con todo ello sigue vinculada la estructura de la propiedad de la tierra. El estudio de 2015 Estructura de la propiedad de la tierra en España. Concentración y acaparamiento, realizado por la ONG Mundubat y la Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas, demuestra que la media del tamaño de las explotaciones es de casi 41 hectáreas, un 83% más elevado que la media estatal. 163 grandes fincas (de más de mil hectáreas) poseen cuatro veces más tierra que casi 30.000 pequeñas fincas. El 30% de la tierra sigue en manos del 1,38% de los productores.

Un presente (y un futuro) que se mantiene en las pautas marcadas desde hace siglos, y que hace 83 años estuvieron a punto de cambiar decenas de miles de hombres y mujeres pobres que pensaron que la tierra debía ser para quien la trabajara.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/