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Los accidentes laborales han sido invisibilizados a lo largo de la historia. Se trata de acontecimientos diarios que se acaban normalizando como gajes del oficio. Esto queda plasmado en estudios de finales del siglo XIX, que reflejan cómo las pérdidas humanas en el trabajo eran asumidas por la población como una contribución al progreso en pleno proceso de industrialización. La realidad es que en la actualidad la situación no ha cambiado tanto.

Algo tan trágico como es la muerte en el puesto de trabajo, la cual constituye la punta del iceberg de la pirámide de desprotección, abusos, presiones, riesgos, lesiones y enfermedades, no es tratado como la tragedia que realmente supone.

En la actualidad, según estimaciones de la OIT para 2019, cada 15 segundos muere en el mundo un trabajador en un accidente laboral. España en concreto se sitúa un 27% por encima de la media de la Unión Europea en siniestralidad, lo que se traduce en 652 muertes anuales, según cifras oficiales de 2018. Esto significa que en nuestro país cada día muere al menos una persona como consecuencia de una actividad que afecta potencialmente a casi todo el mundo. Para poner en contexto este fenómeno, en 2018 murieron 13 veces más personas en accidentes de trabajo que mujeres víctimas de la violencia machista, ambas sin lugar a dudas una lacra.

Evaristo Páramos en la canción “¿E que pasou?” del álbum Bocas de La Polla Records, lanzado en 2001, ya hacía hincapié en lo que se trata de resaltar en este artículo. Es difícil hablar de un tema con más claridad y contundencia que como lo hace Evaristo en sus canciones, así que lo mejor es pararse a escucharlo. En apenas dos minutos resume a la perfección el drama de la accidentalidad laboral y su cotidianeidad para la clase obrera a través de conceptos como “muertos de segunda división”.

Que vida do carallo ter que traballar
o que ten ten o que non a buscar
e mira no mundo ainda estan pior
moitos quixeran vivir como a nos
a merda e merda e non e nada mais
o de mais e falar por falar
falando estaban cando o andamio caeu
foron a o chan e morreron os dous
algen quitou a sangre e acabou a cancion
dos dous mortos da segunda division
a merda e merda e non e nada mais
o de mais e falar por falar
que pasou? unha desgracia a lamentar
que pasou? un accidente laboral
que pasou? a falta de segurida
que pasou? o terrorismo patronal 

Debido a dicha cotidianeidad, es común lamentar la muerte de una víctima de accidente laboral como un hecho aislado del sistema productivo capitalista. Lo primero en comentarse cuando un obrero pierde la vida son las diferentes causas micro que le han causado la muerte. Estas son, entre otras, la rotura de un arnés, un resbalón o un golpe de calor, y suelen tratarse de tal forma que siempre se acaba culpabilizando al propio fallecido. Sin embargo, no se deben pasar por alto las diferentes causas a nivel estructural que se encuentran tras los accidentes de trabajo.

Un estudio en profundidad de las estadísticas proporcionadas por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social nos demuestra que el sistema capitalista hace más vulnerables a un determinado grupo poblacional, que es, como era de esperar, la clase obrera. Si elaboráramos el perfil prototípico del trabajador fallecido en un accidente de trabajo en España, este sería el empleado extranjero, de edad avanzada, con contrato temporal, sin estudios y que trabaja como obrero en el sector de la industria o la construcción. Respecto a la edad, aunque son los trabajadores más mayores quienes más riesgo tienen de morir, son los jóvenes los que sufren más accidentes laborales no mortales.

Como vemos, lucha de clases no es algo metafórico. El empresario se sirve de la violencia estructural como herramienta de control de sus empleados, la cual le es otorgada por las desigualdades sociales fruto del sistema capitalista. Además, el poder de la violencia es mantenido por las clases dominantes gracias a los defensores del liberalismo económico: desde la clase política y el fascista que odia al obrero hasta el esquirol alienado que se cree el sueño capitalista, pasando por el tertuliano de La Sexta Noche.

Es en los accidentes laborales cuando la violencia del sistema se manifiesta de una manera más cruel, afectando como siempre a los más débiles. Pero, aún así, suelen perderse de vista las implicaciones de este suceso a nivel estructural. El capitalismo es la causa principal de todas estas muertes, representado por el empleador, quien es el culpable del fallecimiento del obrero. Que la responsabilidad sea del capitalista no es algo que diga yo. Desde 1900, la Ley de Accidentes de Trabajo (LAT) o Ley Dato establece que “el patrono es responsable de los accidentes ocurridos a sus operarios”.

Todo lo aquí expuesto nos hace plantearnos el término “accidente” laboral, pues, como vemos, estos sucesos no tienen nada de arbitrario ni de inevitable. Quizás sería más correcto hablar de terrorismo patronal o, al menos, como propone el British Medical Journal, sustituir el término “accidente” por “lesión”. Por desgracia esto parece inalcanzable en la actualidad debido en gran parte a la desinformación interesada en el tema.

La invisibilización de los accidentes de trabajo es uno de los éxitos del capitalismo. Lo que, a la vez, prueba que, como afirmó el empresario Warren Buffet, “hay una guerra de clases, y la estamos ganando los ricos”. Corren tiempos difíciles para la clase obrera, la cual es sometida a diario a una explotación que conduce a la muerte en el puesto de trabajo, mientras es criminalizada cuando le da por manifestarse, acusada de antidemocrática. Parece que la democracia no es lo que nos vendieron, encontrándonos atrapados en unas reglas del juego injustas, hechas a medida de sus creadores. Ante este panorama, solo queda concienciarse y esto pasa por dar visibilidad a las muertes en los accidentes laborales.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/