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Le gustaba que le llamaran el Virrey de Andalucía. Y referirse al dictador Francisco Franco como Paca la Culona. Juró lealtad a la República pero traicionó a su país, como tantos militares convertidos en golpistas. Asoló los pueblos andaluces con tácticas terroristas y la cartografía de la barbarie está dibujada a sangre: 45.566 víctimas estimadas, 708 fosas comunes.

Es Gonzalo Queipo de Llano (Tordesillas, 1875 – Sevilla, 1951), uno de los mayores criminales de guerra que haya conocido España. Un genocida que nunca pasó por un juzgado para responder por delitos contra la humanidad. Su nombre, por el contrario, reposa sobre una lápida, amparado en una iglesia de Sevilla y tan lejos del anonimato de los miles de desaparecidos.

Dos marchas ciudadanas unen el próximo 10 de noviembre un reclamo conjunto: devolución “al pueblo” de Gambogaz de Queipo, y del Pazo de Franco

Y sus descendientes siguen disfrutando del patrimonio expoliado en el franquismo. El robo a los vencidos practicado por los golpistas ocurrió en toda España. Un símbolo es el Pazo de Meirás (Sada, A Coruña), un capricho de Francisco Franco en manos todavía de su familia. Dos marchas ciudadanas unen el próximo 10 de noviembre un reclamo conjunto: devolución “al pueblo” de Gambogaz de Queipo, y del Pazo de Franco.

LA HERENCIA GENOCIDA DE QUEIPO

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… 236, 237, 238… 33.152, 33.153… Y así hasta 45.566 personas ejecutadas. Al menos 45.566 asesinados, la mayoría en lugares donde nunca hubo guerra. En parajes sin conflicto armado, ni dos ejércitos enfrentados en combate, donde lo único que hubo fue una represión cruda, caliente. Donde la pedagogía del terror alcanzó un extremo encarnizado para dibujar el genocidio fundacional del franquismo.

“Se les perseguirá como a fieras, hasta hacerlos desaparecer a todos”, decía Queipo en sus arengas radiofónicas para animar al exterminio del rival ideológico. Como el universal poeta Federico García Lorca o el Padre de la Patria Andaluza, Blas Infante.

Como todos los nombres y apellidos. Como todas las personas que yacen arrojadas como perros a fosas y cunetas. O las del mayor crimen de guerra franquista, la Desbandá: la huida de miles de refugiados por la línea costera desde Málaga a Almería que fueron atacados por tierra, mar y aire por tropas nazis, fascistas y rebeldes. Población civil bombardeada por Franco y sus aliados, Hitler y Mussolini, convirtiendo aquel éxodo en una masacre en la carretera de la muerte.

Queipo de Llano: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres”

Y las mujeres. La represión especial de género. “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”, ordenaba desde los micrófonos de Unión Radio Sevilla.

Como las niñas violadas y asesinadas en el cortijo del Aguaucho. Como Carmen Luna, la feminista republicana ejecutada como castigo ejemplarizante en Utrera. O las 17 rosas de Guillena y las flores cortadas en la Fuente Vieja de Puebla de Guzmán. Como las rojas marcadas en cada pueblo y sometidas a un trágico exilio interior. O todas las mujeres que sufrieron la represión poliédrica de los rebeldes y que retrató Pura Sánchez en su libro Individuas de dudosa moral.

Queipo de Llano sigue enterrado en la Basílica de la Macarena. Es el gran símbolo del franquismo que sigue vigente

“No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”, escupía Queipo. El machismo endémico de la extrema derecha patria, el enfermizo patriarcado mutado por el fascismo español en el ‘sumisa y devota’ del nacional catolicismo franquista. Y Queipo, en Andalucía, como máximo exponente del salvajismo fascista con una herencia genocida de, al menos, 45.566 víctimas en 708 fosas comunes.

EL CRIMINAL ENTERRADO EN UNA IGLESIA

Queipo de Llano sigue enterrado en la Basílica de la Macarena. Es el gran símbolo del franquismo que sigue vigente. Y yace, con honores, a escasos metros de la muralla donde fueron ejecutados a balazos algunas de las 4.500 personas que están sepultadas de mala manera en las fosas comunes del cementerio de San Fernando en Sevilla.

Cualquier tarde es posible visitar la tumba del criminal de guerra. Chirrían las enormes puertas de madera y ahí están, a la izquierda, sendas lápidas con los nombres de Queipo y su mujer, Genoveva Martí. Todos los días pasean por el lugar decenas de turistas, devotos y curiosos. Como si el tiempo no hubiera pasado y la democracia no tuviera agallas para romper ataduras con las páginas más oscuras de la historia reciente de España.

¿Qué dice la Ley de Memoria Histórica de Andalucía? En teoría la tumba de Queipo entra en el artículo 32, punto 4: “Cuando los elementos contrarios a la Memoria Democrática estén colocados en edificios de carácter privado con proyección a un espacio o uso público, las personas propietarias de los mismos deberán retirarlos o eliminarlos”.

Pero la Junta de Andalucía no tiene fácil papel. El Gobierno andaluz encargó un informe al departamento jurídico de la Administración regional que no fue determinante. Y no quiere dar pasos en falsos. Aunque la propia presidenta, Susana Díaz, dijo que en este caso “se va a cumplir la ley”.

Las asociaciones de víctimas entienden que debe haber una aplicación estricta de la ley andaluza y obligar a la retirada de los restos

La Junta quiere sacar los restos del golpista y que dejen de estar amparados en un espacio religioso. Un edificio privado, al cabo. La Hermandad de la Macarena dice que trabaja en el asunto y propone trasladar al genocida a un columbario en el mismo templo. Las asociaciones de víctimas entienden que debe haber una aplicación estricta de la ley andaluza y obligar a la retirada de los restos. Varias vigilias antifascistas han pedido este extremo los últimos 18 de julio.

Otra cosa es que la solución venga con el conflicto que el Gobierno de Pedro Sánchez mantiene con la familia Franco, y la Iglesia católica, a cuenta del traslado de la momia del dictador desde el Valle de los Caídos a la Catedral de la Almudena, en pleno centro de Madrid. Si el Ejecutivo acaba ampliando la ley estatal y prohibiendo cualquier exaltación fascista, que los restos de Franco estén en un lugar con acceso público… al final Paca la Culona jodería la marrana al Virrey de Andalucía.

LA PUNTA DEL ICEBERG DEL EXPOLIO FRANQUISTA

Dicen que cada vez hay más hermanos de la Macarena que no quieren al asesino en casa. Que están en desacuerdo con que un criminal de guerra esté enterrado en un lugar de culto. A los pies de quien consideran la madre de dios, cuya imagen procesionó durante décadas con el fajín del traje de general de Queipo. Pero ahí sigue la tumba.

Y no es el único homenaje actual. El general golpista que comandó la rebelión y rápida victoria fascista en el sur fue premiado por Franco con una importante condecoración: la Laureada de San Fernando. Y el dictador creó el 1 de abril de 1950 un título nobiliario, marqués de Queipo de Llano, renovado en 2012 en favor de uno de sus nietos, Gonzalo Queipo de Llano Mencos, por el ministro Alberto Ruiz-Gallardón, bajo Gobierno de Mariano Rajoy.

¿Les suena el barrio de San Gonzalo en Sevilla o la hermandad homónima y su réplica de Santa Genoveva? Son los nombres del criminal de guerra y su esposa. Pues eso. En mitad de la marisma hubo durante años un poblado con su nombre y Huelva acaba de retirar la Medalla de Honor de la Ciudad otorgada al militar en 1938, en plena guerra civil. Y en septiembre había suprimido el título de Hijo Adoptivo que databa del año 36.

Uno de los grandes homenajes vivientes es, en todo caso, el patrimonio expoliado por los franquistas. La punta del iceberg es la finca de Gambogaz, en Camas (Sevilla), un cortijo y cientos de fértiles hectáreas agrícolas que Queipo compró con el teórico “regalo” económico que el pueblo le endosó por “salvar a la ciudad del dominio rojo”, según decía su hijo, del mismo nombre, en una carta al director publicada por el diario El País en 1976.

Gambogaz es el máximo exponente del uso de los derrotados como botín de guerra. En estas tierras fueron usados presos del franquismo como mano de obra forzada. Esclavos, en unos terrenos que los descendientes del golpista han ido parcelando hasta quedar en sus manos apenas 90 hectáreas, pese a que nunca apareció, hasta ahora, documentación alguna que acredite el dinero regalado por Sevilla ni la compra con esta donación de la finca en 1938 y en los años 40 de unas 150 hectáreas de arrozal.

La herencia continúa en manos de la familia Queipo. Como los Franco gestionan la fortuna corrupta del abuelo golpista. El Virrey de Andalucía continúa con los honores otorgados por Paca la Culona. Los restos de uno están enterrados en una iglesia, la momia del otro en el mausoleo fascista de Cuelgamuros. Y las víctimas del terrorismo franquista, la mayoría, siguen sepultados de mala manera en fosas y cunetas.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com