Este septiembre de 2018 se conmemora en Chile, en América Latina y en muchos países del mundo, el día 4, los 48 años de la victoria electoral de la Unidad Popular, y los 45 años, el 11 de septiembre, del brutal golpe militar que terminó con la democracia en ese país. Estas históricas fechas y el lapso de poco más de mil días, estuvieron bajo la dirección y el protagonismo de Salvador Allende Gossens, que tuvo el privilegio y la responsabilidad de darnos a los chilenos el mejor, más alegre y más democrático periodo de la historia nacional.

Las generaciones jóvenes, no vivieron estos acontecimientos y probablemente los conocen mal. Una feroz dictadura militar y una época larga de transición a formas civilizadas de convivencia,

con olvido de las grandes connotaciones de la democracia perdida en 1973.Todavía no se alcanzan progresos importantes en Sanidad, la Educación, en la Cultura, en la Igualdad de oportunidades de todos los ciudadanos, en el funcionamiento de las instituciones que hacen de la Democracia un sistema de organización social, no superada.

La presencia, incluso en su ausencia, de Salvador Allende en lo que Chile fue, sus realizaciones, su concepto de demócrata integral, nos llevan a afirmar que “Salvador Allende vive”. Este ciudadano, revolucionario y estadista, sus ideas, su ejemplo y realizaciones, impregnan decenios de la historia chilena.

Parlamentario (Diputado y Senador) desde fines de la década de 1930, hasta su elección como Presidente de la República, es autor de múltiples leyes que beneficiaron a los desposeídos: Seguro Obrero, Protección a la madre y sus hijos, Atención Medica Universal, Instituciones de la Democracia como la ley del Colegio Médico, Recuperación de las riquezas del país, como la Ley de Nacionalización del Cobre, etc., todo dentro de una filosofía de protección a quienes el sistema capitalista siempre puso en las mayorías de los pobres y desheredados de siempre. Su compromiso democrático estuvo por la defensa de la Constitución Nacional que mayoritariamente el pueblo se había dado. Los intentos de golpes militares en los gobiernos de Aguirre Cerda y Frei Montalva fueron categóricamente censurados y activamente rechazados por Allende. Curiosa situación ante la complacencia que tuvieron sus adversarios políticos, cuando Allende gobernó al país.

Respetuoso de las normas democráticas constitucionales, su visión amplia del mundo y de su evolución, lo llevaron a comprender los procesos políticos revolucionarios que los pueblos organizaban para su liberación: Vietnam, la revolución cubana, las luchas africano y asiáticas por terminar con la colonización norteamericana y europea, lo llevaron a ubicar a Chile y la Unidad Popular en el grupo de Países No Alineados, que buscaron un camino propio alejados de la pugna universal de la guerra fría. Su sueño de un sistema socialista creado por la democracia, con respeto a todas las ideologías sufriría el ataque y la presión de aquellos que no entendían su independencia. Allende siempre vio a sus compatriotas como ciudadanos libres y no súbditos.

No fue posible. La situación internacional, la tremenda política agresiva de EEUU, el semiabandono de la solidaridad de aquellos países y pueblos que sentían a Chile como propio. La traición democrática de los Partidos políticos chilenos de Derecha y Centro. La titubeante posición de la Iglesia Católica. La vociferante pero incapaz posición de la extrema izquierda. Las contradicciones en la coalición de gobierno. La codicia y la traición de las Fuerzas Armadas. Un variado conjunto de sucesos y/o circunstancias que hicieron imposible el sueño y que llevaron al golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

11 DE SEPTIEMBRE DE 1973, UNA LARGA JORNADA

Es en esta larga jornada desde las 7:00 horas a las 14:15 horas de ese día, en que Allende exhibió con decisión y dignidad, sus valores socialistas y democráticos. Fuimos 63 personas, excluyendo al Presidente. Nuestra decisión de estar junto a él, fue voluntaria. No hubo presiones. Lo decidimos antes, durante o después de que el Presidente a media mañana nos reuniera a todos y nos dijera: “No voy a renunciar. Tampoco abandonaré el país en un avión que me han ofrecido los traidores. Lucharé en este Palacio símbolo de la democracia, donde el pueblo chileno me ha colocado, con las personas y las armas que tenemos. Las compañeras mujeres que están aquí y los varones que deseen o no tengan ninguna función que cumplir, les exijo que abandonen el Palacio”. Se finalizó con el Himno Nacional de la Patria. A partir de entonces y lentamente, todos los uniformados y aquellos que lo desearon se retiraron. Se reanudó el desigual combate contra las fuerzas del ejército que intentaban penetrar en el ala Nor-este, del Palacio (Calles Moneda y Morande). Esperábamos el bombardeo que los golpistas habían amenazado para mediodía. Vivimos situaciones inolvidables. Seguíamos por detrás al Presidente que combatía desde el suelo por las ventanas, con su AK-47 y una Bazuca anti-tanque. Compartimos su llanto y emoción con el suicidio de Augusto Olivares, a quien rindió homenaje. Igualmente, después del bombardeo su preocupación por el estado de su esposa. Hortensia Bussi, que había sido, en su residencia de Tomas Moro víctima del cobarde bombardeo. En fin, toda una jornada con un heroico Presidente que cambió sus elegantes formalidades del primer Mandatario por la metralleta para defender la democracia de la única manera que en esos momentos era posible.

Escapa a este relato de homenaje al Presidente Allende muchos sucesos que vertiginosos ocurrían. Sin embargo, es bueno decirlo que muchas personas, que no estuvieron en este combate se han explayado en ficciones, naturalmente falsas, para hacerse parte de una historia que los dejó atrás y que con la mentira no obtendrán figuración personal. El tiempo pasa, y muchos compañeros han fallecido de muerte natural. Otros 30 fueron asesinados por el Ejército en las primeras 48 horas. Salieron con vida y en recintos militares, sin juicio, fueron acribillados.

Alrededor de las 14 horas, los militares, al fin, ingresaron en la primera planta del Palacio, quemado, destruido por el bombardeo. Tuve que subir a la segunda planta donde estaba el Presidente rodeado de algunos médicos y asesores. Lo vi entero, enérgico, hablé con él a una distancia de dos metros. Nos ordena bajar a la primera planta, sin armas. Breves segundos después, el llanto de Enrique Huerta me dice todo: “El Presidente ha muerto”. El regreso del Dr. Patricio Guijón al despacho donde Allende se había retirado, confirma que el Presidente se ha suicidado.

Salvador Allende vive.
Vive porque hizo de su vida una práctica democrática.
Vive porque murió en defensa de la democracia y la libertad.
Vive porque su vida fue una consecuencia de su manera de pensar. Lo que decía, se cumplía.
Vive porque la recuperación de su pensamiento y de su acción puede abrir en Chile “Las grandes Alamedas por donde pase el hombre libre para construir un mundo mejor”.

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/