A Ramón Soler, heredero y actual dueño del conglomerado de la industria cárnica Prolongo, no le importa jugar sucio en la guerra que mantiene con Famadesa, el otro gran matadero que fabrica y vende productos porcinos en Málaga, por ser el líder del sector en la zona y abusar de sus trabajadores a cambio de rentabilidad económica. Los trabajadores piensan que el hedor de los gorrinos tapa el de la explotación laboral.

Según los datos de los que dispone Comisiones Obreras, el entramado de sociedades de Prolongo se divide en cinco empresas que se reparten las diferentes partes del proceso de elaboración y venta de productos cárnicos. Este conglomerado tiene a 250 trabajadores en nómina, cuya representación sindical la hace UGT, con un total de entre 11 y 12 delegados. Hasta ahí todo normal.

Independientemente de estos, la situación irregular se encuentra en aquellos empleados que no están en nómina y que Prolongo trata como autónomos que prestan servicio a la empresa cárnica, cuando deberían ser trabajadores de pleno derecho al igual que los otros 250. Según cuentan varios extrabajadores, habría unas 1.000 personas en esta situación. Cifra similar a la estimación que hace Andrés Gato, responsable del sector agroalimentario de Comisiones Obreras. Estos 1.000 empleados se encuentran en la parte más dura de la cadena productiva, encargados del sacrificio y la elaboración de los productos.

Hay diversos motivos por los que este millar de empleados deberían ser trabajadores por cuenta ajena, es decir, en nómina, y no autónomos. Por ejemplo, según cuentan dos antiguos trabajadores del matadero, no disponen de libertad a la hora de planificar su jornada laboral, les viene impuesta desde la dirección de Prolongo, de manera que pasan el día completo en las instalaciones de dicha empresa, sin posibilidad de salir a realizar trabajos externos. Además, no llevan a cabo la gestión del que sería su negocio, sino que la empresa de Ramón Soler es la que se encarga de emitir las propias facturas que ellos mismos van a pagar.Los dos antiguos trabajadores afirman que la empresa no les proporciona estas facturas, ni papeleo de ningún tipo, que solo se limitan a hacerle el ingreso del sueldo en sus respectivas cuentas bancarias. Esta versión coincide con la información que maneja Comisiones Obreras, quien argumenta no haber actuado porque necesita una denuncia formal de los trabajadores para ponerlo en conocimiento de la Dirección General de la Inspección de Trabajo.

Además, los dos antiguos trabajadores añaden que obligan a todo aquel que quiera trabajar en el matadero a facilitar su usuario y clave de la Seguridad Social a la empresa, para que está pueda hacer los trámites y los pagos de las cuotas de autónomo. Cuotas muchos más bajas que las que tendrían que desembolsar si fuesen trabajadores en nómina, ya que el seguro de autónomo va desde los 50 euros mensuales a 270, frente a los más de cuatrocientos que costaría el pago del seguro por un trabajador en nómina.

Incluso, la empresa de Ramón Soler exige firmar a estos falsos autónomos una cláusula de exclusividad que les prohíbe trabajar con Famadesa en un periodo de cinco años. Cláusula que está pensada para altos directivos como él, que no tienen problemas económicos, pero que, según CCOO, es abusiva aplicarla de forma generalizada a cualquier empleado que puede acabar de un día para otro en la calle, y más aún cuando por ser falsos autónomos no tienen derecho a desempleo.

Condiciones de explotación

Mario, quién no quiere dar su verdadero nombre por miedo a que otras empresas no le contraten en un futuro, relata que su jornada laboral empezaba a las seis de la mañana y podía prolongarse hasta las siete u ocho de la tarde, según los pedidos y la faena que hubiese. En su primer día de trabajo la empresa le facilitó dos mudas, una para lavar en casa y otra para hacer uso de ella. Pantalones, camiseta, abrigo, chaquetón, botas de seguridad, juego de cuchillos y guante de acero. Este último no le servía porque era de talla única. Cuando pidió uno que sí le entrará en su mano, la respuesta del gerente de la sección fue “¿el primer día y ya estas pidiendo?”. La primera en la frente. Para que no haya confusiones.

Fue pasando por diferentes secciones durante los tres meses que trabajó en Prolongo. Tras deshuesar jamones, trabajó enterrándolos en sal, valiéndose de un chaquetón como única prenda contra el frío de la cámara frigorífica. Por último, estuvo en la parte que se encarga de limpiar las jaulas de los gorrinos, donde casi queda ciego. Escudándose en que ellos son autónomos y son responsables de su propia seguridad, Prolongo no les proporciona gafas de protección, a pesar de que le descontasen de su sueldo cincuenta euros al mes en concepto de vestimenta y herramientas. Así que, Mario tuvo que marcharse al médico de urgencias sin decir que el accidente había sido trabajando. La sosa cáustica con la que limpiaba la jaula de los cerdos le había salpicado en la esclerótica. Rápidamente empezó a arderle la parte blanca de su ojo izquierdo. Si ese potente ácido desintegra los excrementos de los cerdos, imaginen lo que puede hacer con el ojo humano. Aunque gracias a que el ácido no le cayó en la pupila ni en el iris, y a la pomada que tuvo que aplicarse el mismo dentro del ojo durante una semana, pudo salvar la vista después de estar más de diez días viendo borroso con uno de sus ojos. Una decena de días en los que tuvo que seguir yendo a trabajar si quería continuar teniendo empleo. Cuando se marchó al médico, el encargado de esa sección le dejó claro lo que le esperaba: “¿Ya te vas a dar de baja macho?”. Sin embargo, no podía hacerlo, porque estaba asegurado como autónomo, pero el subconsciente traicionó al capataz, ya que lo trato como un empleado por cuenta ajena.

Cobrar 1.500 euros mensuales sin ser funcionario ni universitario parece una utopía. Es esta la razón por la que Mario se muestra bastante satisfecho con el sueldo que tenía, a pesar de que estuviese trabajando más de diez horas diarias y perdiera todo tipo de derechos. Aunque él piensa que el sueldo era tan alto que compensaba el déficit en los demás derechos que le robaban, la realidad es que ese es el salario que le pertenecía por convenio. 1.200 euros al mes por jornadas de ocho horas, a lo que habría que sumar las horas extras que realizaba todos los días. Por lo qué si se cumpliera lo pactado en el estatuto de los trabajadores, disfrutaría de la misma nómina. Además, tendría otra lista de derechos que pierde por estar en situación de falso autónomo. 

Andrés Gato, de CCOO, lo deja claro: “Parece que con ese sueldo no son conscientes del daño que les hace no cotizar como empleados por cuenta ajena, no tienen derecho a desempleo, no se pueden dar de baja, no tienen pagas dobles, ni tampoco vacaciones pagadas”. 

El representante de CCOO asegura no poder hacer nada contra el terror que paraliza cualquier reivindicación laboral. Cuando han intentado tener representación sindical en el entramado societario de Prolongo, la empresa ha hecho todo lo posible porque esto no se hiciese realidad: “Cuando hemos ido a Prolongo, hemos esperado a los trabajadores por la puerta A, y los sacan por la B, así es imposible”. El sindicalista muestra en varias ocasiones su deseo de acabar con estos abusos, pero necesita la colaboración de los trabajadores: “Ha habido casos en otras empresas en los que hemos avisado a la inspección de trabajo y nos hemos presentado en el lugar de los hechos, pero luego no hemos conseguido testimonios de las personas que son explotadas, a veces prefieren no hablar por miedo, y su testimonio es fundamental, si cuentan lo que ocurre un juez los va a creer, pero el miedo los paraliza”. 

Otro caso sangrante es el de Juan. Estuvo trabajando en Prolongo tres días completos, y cuando se dio cuenta de que la mierda de allí no era solo para los cerdos decidió marcharse. Por esos tres días de trabajo le ingresaron en su cuenta bancaria tres euros y medio. La razón, según le dijo la empresa, el pago de la cuota de autónomo y demás gestiones administrativas. Si llega a marcharse un día antes, hubiese que tenido que pagar él por haber trabajado. 

Prolongo presume de ser una empresa tradicional, con valores y productos de antaño, y llevan razón. Las condiciones de sus trabajadores no parecen variar mucho con las que habría en 1820, cuando se creó la empresa. 

Todo esto ocurre mientras Juan Requena, miembro de su ejecutiva, presume en los medios locales de exportar el 50% de su producción al extranjero y tener un proyecto que pretende ampliar su espacio industrial hasta los 125.000 metros cuadrados y alcanzar un volumen de trabajo que sea capaz de sacrificar a 7.000 cerdos diarios. 

Este diario contactó con el representante de comunicación de Prolongo, que desestimó hacer cualquier tipo de declaración, argumentando cuestiones de agenda.

Évole tenía razón

El documental de Salvados puso al descubierto las vergüenzas de los ganaderos de cerdos, y de toda la industria cárnica, a la hora de criar a los gorrinos. La atención se centró en un cerdo muerto en la granja que era devorado por los demás, pero también dejó ver otro tipo de canibalismo que pasó algo más desapercibido. El canibalismo laboral. Aparecieron varios testimonios de empleados de un matadero en Barcelona que hacían ver que los intereses económicos de las empresas engullen a los de los trabajadores. Y esto no es una excepción, no es un punto negro, no es un cerdo muerto que no pasará los controles sanitarios e irá a parar al estercolero. Es la regla. Desde Barcelona hasta Málaga. 

Fuente: http://www.publico.es/