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Es una mala noticia. Una desgraciada noticia. Y lo es en medio de esta coyuntura política meramente emocional. De política sin trasfondo y de emociones muy adulteradas. El proceso catalán ha desvelado la existencia de un único modelo de España: uniforme, unidireccional, unívoco. Es la constatación de la victoria de un régimen impuesto y de la firmeza de la herencia franquista. Y no para que grupos de fachas saquen del corral heráldico cualquier fauna de depredadores aéreos. Esto es sólo una muestra folclórica de un pensamiento ya normalizado, profundo y hecho genética del miedo durante 40 años de dictadura.

La realidad es más grave. Y lo es por este pacto, muy de la Moncloa, de volver a hacer girar atrás los relojes, cuatro décadas, sabiendo con todo detalle qué pasará, donde seremos, qué no seremos. La voz al unísono de Rajoy, Sánchez y Rivera adopta un tono de psicofonía insoportable y al espíritu, es decir, ectoplasma, de la Transición ya le quedan pequeñas las sábanas de pana y tergal. Tan acomodada, provechosa y bien alimentada ha sido la carrera de la historia. Vuelve a pasar el hilo por el mismo ojo de la aguja, que siempre es pequeño, asfixiante, incapaz de ceder ni que sea como esfínter y donde, de hecho, nadie ha visto nunca transitar hacia camello.

La Transición es la única oferta que España se hace a sí misma. Como si aquel hubiera sido un tiempo pacífico de diálogos inmaculados y reconciliadores. Como si no hubiera habido borde 600 muertos. Ni las torturas policiales. Ni ETA ni el Grapo. Ni los ultras matando abogados laboralistas en Madrid o los agentes bajo la responsabilidad de Manuel Fraga disparando contra huelguistas en Gasteiz. Como si callar, continuar callando, no hubiera sido una imposición. Un artículo 155 cualquiera, como también lo es la Ley de Seguridad Ciudadana con su disposición final de capón para legalizar, hasta que la ineficiente Europa diga lo contrario, la vulneración de los derechos humanos (y eso quiere decir muertos, muchos muertos) en las vallas de las ciudades coloniales de Ceuta y Melilla. Más recialles franquistas, por cierto.

Es esta la única España posible? No se ve otra. Con aquel dictador que hace testamento en la cama y sitúa al poder un monarca que nadie vota y que también morirá cómodamente en la cama. Un monarca que nombra a dicho otro monarca que tampoco es votado. Y la rueda de la Transición girando con secciones fijas en el Telediario donde se sigue la agenda de Felipe VI , la trayectoria textil de la reina y la alegría infantil y muy bien educada de las hijas. Todo sin rendir cuentas, sin saber de presupuestos ni gastos, sin ninguna obligación de código penal por corrupción y robo. 

¿Dónde está la España republicana ? Como es posible que el Partido Socialista haya blanqueado el PP durante una sesión de Senado donde la deontología se confunde con la odontología y donde la capacidad de renuncia del socialismo español, ilimitada, va de la república al autonomismo. Una pedrada en el corazón de la esencia, de las ideologías clásicas e incluso de la etimología. Socialismo? Partido Político? Llama la atención este tipo de apéndice en que se han convertido Pedro Sánchez y Albert Rivera, camareros de Rajoy en la España del monocultivo del ocio turístico. O mayordomos, bandeja en mano, del gran comida constitucional.

Y los intelectuales? No hay, de eso, en España o son ya todos súbditos del gran virreinato del Perú? Las hojas patrióticas en que se ha convertido toda la prensa de masas en Madrid también son una triste nota necrológica. ¿Dónde está la España de la rabia y de la idea que pedía Antonio Machado? El país tricolor, el país republicano, de izquierdas, si es posible. Porque nadie ha planteado como de necesario es aplicar medicina forense en la Transición y proponer un nuevo modelo de sociedad heredero de aquel otro descabezado  por un 155 escrito desde los cuarteles o las cavernas, no importa? ¿Por qué no se plantea la idea de una república española, federal, de nueva constitución, como modelo alternativo al proceso catalán? Y por qué no que aquella república que los catalanes proponen sea para todos? Dónde están y qué dicen los alcaldes del cambio? ¿Dónde está la Manuela Carmena heredera del antifranquismo? Y Joan Ribó ecocomunista que ha pasado media legislatura colgando banderas republicanas del balcón consistorial? ¿Qué pasa con los alcaldes de Compostela, de Cádiz ...?

Es un silencio que hiere. Un sentimiento de parálisis o esta presencia de país, de una de las dos Españas que siempre te hiela el corazón. Y uno quisiera decir que lo siente, catalanes, que derecho a decidir sí, pero por riguroso orden de entrada. Y que primero toca debatir, votar y proclamar la nueva República española .

Fuente: https://www.eltemps.cat